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Estando muy concentrado en mi trabajo de oficina,
el canto de un ave en la ventana llamó mi atención. Puede observar
como esa avecilla de bello plumaje rojo, negro y naranja se
alimentaba de los insectos que estaban a su alcance en el exterior
de mi ventana. No se cuanto tiempo estuve observando ese
espectáculo, pero mientras lo hacía vinieron a mí las palabras de
Jesús cuando dijo: Mirad las
aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros;
y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho
más que ellas? (Mateo 6:6). Me
imagino que cuando Jesús dijo esto, estaba también observando las
aves de la misma forma que yo tuve la oportunidad y seguramente tu
también has tenido esa misma oportunidad de hacerlo, a veces mirar
a un ave es tan común, que hemos perdido nuestra capacidad de
asombro, pues ¿cómo es posible que esas avecillas que no trabajan
como nosotros que lo hacemos tan arduamente para llevar el pan a
al casa y solo se dedican a comer y a cantar, puedan sobrevivir?
De ahí que las palabras de Jesús me infunden absoluto respeto y
temor, pues me asegura que los creyentes valemos mucho más que un
ave, y por lo tanto Dios nos prodiga mucho más amor y protección
que a cualquiera de ellas.
Entiendo perfectamente que los afanes del
mundo nos ocupan de tal manera que pasamos por alto las maravillas
de la naturaleza que no es otra cosa que la hermosa creación de
Dios, así no apreciamos a los animalillos que cruzan por nuestro
camino ni tampoco hacemos un alto para admirar la belleza de una
flor, y mucho menos miramos al cielo para contemplar la belleza
que representa la luz reflejada en las nubes, un bello amanecer o
la puesta del sol. Muchas veces caminamos impávidos por la vida,
tan solo en un centro comercial, o en la calle, miramos a cientos
de gentes, muchas de las cuales jamás volveremos a ver, cada una
de ellas con sus propios sueños e ilusiones, sus propias metas y
sus problemas. Difícilmente pensamos que hay personas que viven en
peores condiciones que las nuestras. Nos causa malestar viajar de
pie en el transporte público o tener que caminar varios metros
pues no tenemos auto, cuando hay personas que con mucho gusto
harían eso y más si tan solo tuvieran un par de piernas.
Quiero animarte a ser más sensible a lo que
pasa a tú alrededor, dejar de centrar tus pensamientos en ti mismo,
pensar un poco más en los demás, aceptar el alimento divino que es
la Palabra de Dios quien te dice: ¿no vales tu mas que ellas (las
aves del cielo)? El Señor Jesús te anima a no preocuparte más allá
de lo necesario cuando dice: “Así que no se preocupen,
preguntándose: ‘¿Qué vamos a comer?’ o ‘¿Qué vamos a beber?’ o
‘¿Con qué vamos a vestirnos?’ Todas estas cosas son las
que preocupan a los paganos, pero ustedes tienen un Padre
celestial que ya sabe que las necesitan. Por lo tanto,
pongan toda su atención en el reino de los cielos y en hacer lo
que es justo ante Dios, y recibirán también todas estas cosas.
(Mateo 6:31-33 versión moderna)
El Señor nos habla de muchas maneras, y una
de tantas es con todas esas maravillas que tenemos a nuestro
alrededor, solo basta que las mires con atención y escuches en
ellas la voz de Dios.
¡Dios les bendiga!
Amén |