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Si nunca rompes un racimo
de uva en el lagar, nunca tendrás un vaso de vino sobre tu mesa.
Si nunca te arriesgas a
perder, nunca te das la oportunidad de ganar.
Si nunca afrontas la pena
de partir, nunca conocerás la alegría del regreso.
Si nunca sufres muriéndote
en la siembra, nunca te gozarás renacido en la cosecha.
Si nunca te dueles bajo el
peso de tu culpa, nunca saborearás el alivio del perdón.
Si nunca mueles los granos
de tu trigo, nunca conocerás el sabor del pan.
Si nunca afrontas el miedo
de dejar de ser como eres, nunca descubrirás la alegría de ser
como puedes ser.
Si nunca estás dispuesto a
dejar todo lo que tienes, nunca sentirás que lo tienes libremente.
Si nunca estás dispuesto a
morir por una causa, nunca sabrás para qué vives.
Si nunca encaras tu pena y
dejas de reír para llorar, nunca conocerás la dicha del que deja
de llorar para reír.
Si nunca te arriesgas a
cruzar el río, nunca sabrás lo que te aguarda en la otra orilla...
¡Dios les bendiga!
Amén |