"Y
considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las
buenas obras;"
Hebreos 10:24
Cuentan
que una bella princesa estaba buscando consorte. Aristócratas y
adinerados señores habían llegado de todas partes para ofrecer sus
maravillosos regalos. Joyas, tierras, ejércitos y tronos
conformaban los obsequios para conquistar a tan especial criatura.
Entre los candidatos se encontraba un joven plebeyo, que no tenía
más riquezas que amor y perseverancia. Cuando le llegó el momento
de hablar, dijo: - "Princesa, te he amado toda mi vida. Como soy
un hombre pobre y no tengo tesoros para darte, te ofrezco mi
sacrificio como prueba de amor...Estaré cien días sentado bajo tu
ventana, sin más alimentos que la lluvia y sin más ropas que las
que llevo puestas...Ésa es mi dote..." La princesa, asombrada por
semejante gesto de amor, decidió aceptar: "Tendrás tu oportunidad:
Si pasas la prueba, me desposarás". Así pasaron las horas y los
días. El pretendiente estuvo sentado, soportando los vientos, la
nieve y las noches heladas. Sin pestañear, con la vista fija en el
balcón de su amada, el valiente vasallo siguió firme en su empeño,
sin desfallecer un momento. De vez en cuando la cortina de la
ventana real dejaba traslucir la esbelta figura de la princesa, la
cual, con un noble gesto y una sonrisa, aprobaba la faena. Todo
iba a las mil maravillas. Incluso algunos optimistas habían
comenzado a planear los festejos. Al llegar el día noventa y nueve,
los pobladores de la zona habían salido a animar al próximo
monarca. Todo era alegría y jolgorio, hasta que de pronto, cuando
faltaba una hora para cumplirse el plazo, ante la mirada atónita
de los asistentes y la perplejidad de la infanta, el joven se
levantó y sin dar explicación alguna, se alejó lentamente del
lugar. La gente se dispersó decepcionada, pero un grupo de
ancianos se acerco para preguntarle: "¿Qué fue lo te que ocurrió?...Estabas
a un paso de lograrlo... ¿Por qué perdiste esa oportunidad?...¿Por
qué abandonaste?..." Con profunda consternación y algunas lágrimas
en sus ojos, contestó en voz baja: De haber existido algo de amor
en ella, no hubiese permitido semejante sacrificio..."
¡Dios les
bendiga!
Amén
|
|

|
|
|