|
¿Cómo Triunfar sobre la Tentación? |
por
Charles F. Stanley
"Cuando
alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque
Dios no puede ser tentado por el mal, ni Él tienta a nadie; sino
que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es
atraído y seducido." Santiago 1:13-14
La
palabra tentación tiene un significado distinto para cada persona.
Algunos tienen problemas para controlar su lengua, en tanto que
otros batallan con el impulso de usar drogas o de consumir
demasiado alcohol. Muchos luchan una guerra secreta con sus
apetitos sexuales. No importa con lo que usted esté luchando, sepa
que no está solo, que no es la única persona que tiene
dificultades para tomar las decisiones correctas.
La
tentación ha sido definida como "la atracción a cometer un acto
imprudente o inmoral, especialmente por una recompensa ofrecida (o
percibida)". Eso es lo que hace que el proceso de tomar una
decisión produzca mucha tensión. La buena opción puede parecer
poco atractiva superficialmente, en tanto que la negativa tiene un
atractivo especial. Sentimos tensión cuando estamos decidiendo
entre lo que debemos y lo que no debemos hacer.
Esta
lucha no es imaginaria; el cuestionamiento "debo o no debo" no es
un ejercicio intelectual aislado. Se está librando una verdadera
guerra dentro de nosotros. La raíz de este conflicto se llama
pecado. Por naturaleza todos hemos nacido pecadores y estamos
separados de Dios; es decir, tenemos un deseo nato de vivir como
queremos en lugar de hacerlo como Dios lo prescribe. La única
solución para esta separación de Dios está en su Hijo Jesucristo
que murió en la cruz para pagar el castigo por el pecado y
reconciliarnos a Dios (Romanos 6:23; Juan 3:16). ¿Por qué
parece tan bueno? Cuando aceptamos el hecho de que Cristo ya pagó
por el pecado y confiamos en Él como salvador, oficialmente hemos
muerto al pecado. ¿Qué quiere decir esto? Muerto significa que el
pecado ya no tiene poder para forzarnos a hacer o pensar nada (Romanos
6:1-3, 10-14). Por supuesto que el pecado todavía existe como
influencia, pero su reinado ha sido destruido; tiene acceso a
nosotros, pero no autoridad sobre nosotros. Somos libres para
optar en contra del pecado; su dominio ha sido destrozado.
Como
creyentes, somos libres para decir "no". En Cristo tenemos una
vida nueva y un espíritu nuevo (2 Corintios 5:17). El
Espíritu Santo que habita en nosotros desde el momento en que
depositamos nuestra confianza en Jesús, nos capacita para elegir
la obediencia en lugar de la rebeldía. Aún así, la atracción hacia
el pecado a veces puede ser demasiado fuerte. El atractivo es real
Es importante entender que nuestros deseos naturales nos fueron
dados por Dios y que son legítimos. Por ejemplo, no hay nada malo
en querer comer. Pero cuando queremos comer más, o menos, de lo
que debemos, o queremos estar a la moda aunque de alguna manera
perjudique nuestro cuerpo, el deseo es ilegítimo. Siempre que
sobrepasemos los límites del amor que Dios ha estipulado entramos
en terreno pecaminoso.
La
primera reacción cuando caemos en tentación es culpar a otra
persona o atribuirlo a defectos de nuestra personalidad. "Mi amigo
me empujó a hacerlo", tratamos de explicar; o: "Así me educaron
mis padres; no puedo evitarlo". Esa táctica de desviar la culpa
hacia los demás no es nueva. Cuando Dios buscó a Adán en el Huerto
del Edén después de haber pecado, Adán culpó a Eva (Génesis
3:12). ¿Por qué hacemos esto? Es difícil admitir que el
problema está en nosotros. Es probable que muchas veces hayamos
oído la excusa: "El diablo me obligó a hacerlo", y que nosotros
mismos la hayamos usado. En efecto, frecuentemente Satanás juega
un papel en la tentación; pero esa frase simplemente no es verdad.
Satanás jamás puede obligarnos a hacer nada. Su poder se limita a
la manipulación y al engaño (2 Corintios 11:3; Juan 8:44).
Puede impulsarnos a tener muchos deseos de hacer o decir algo,
pero literalmente no puede forzarnos a hacerlo.
Sí,
Satanás es un enemigo formidable y su intención de hacernos caer
en sus trampas y sus lazos nunca cambian. El Señor Jesús nos
advirtió: "… él ha sido homicida desde el principio, y no ha
permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla
mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira"
(Juan 8:44). La Palabra de Dios en 1 Tesalonicenses 3:5
y Mateo 4:3 se refiere a Satanás como el tentador, el
responsable de inducir a muchos a descarriarse.
Constantemente busca nuestros puntos débiles y vulnerables y los
explota cuando tiene oportunidad de hacerlo (1 Pedro 5:8).
No obstante, como nos asegura Job 1:12, sus facultades son
limitadas por Dios. Por otra parte, Dios no nos tienta a pecar; su
carácter no le permite hacerlo. De ninguna manera puede el Dios
Santo y todopoderoso estar asociado con el pecado. Santiago
1:13-14 dice: "Cuando alguno es tentado, no diga que es
tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el
mal, ni Él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de
su propia concupiscencia es atraído y seducido". No importan ni la
presión, ni los incentivos, ni los detalles atractivos, la
Escritura dice claramente que nosotros somos los responsables de
nuestro pecado y nadie más. Cuando somos tentados, podemos decir
sí o no; la decisión es nuestra. Y pese a la influencia fuerte y
negativa de la tentación podemos hacer la elección correcta con la
ayuda de Dios.
Al
reconocer la verdadera naturaleza del conflicto, estamos
preparados para poner la Palabra de Dios en acción ante cualquier
desafío .
¡Dios te
bendiga!
Amén
|
|

|
|
|