Los
operarios tenían que estar de pie por largos períodos de tiempo y
sus pies y piernas quedaban extremadamente cansados porque sus
zapatos no eran los adecuados para ese tipo de esfuerzo. La fatiga
que comenzaba en sus pies se desparramaba por los nervios. Y así
cualquier dificultad, por pequeña que sea, se transformaba en un
problema serio. La empresa mandó a hacer zapatos especiales y el
descontento desapareció.
Frecuentemente lo mismo pasa con nosotros. La cosa más simple nos
afecta. Un día desagradable nos arruina toda la semana. Una
palabra dura pone fin a una amistad. Un mal hábito deteriora un
carácter. Una pequeña preocupación da inicio a una cadena de
preocupaciones. Un pequeño dolor puede ser amplificado en nuestra
mente al punto de transformarse en una enfermedad incurable. Una
canilla que gotea puede irritarnos mucho. De hecho, la mayoría de
nosotros debemos confesar que logramos hacer que los pequeños
contratiempos se tornen en verdaderas montañas.
¿Es usted
una persona alegre? Se puede tener momentos de alegría originada
por la obtención de cosas buenas, de logros merecidos, etc... Pero
la verdadera felicidad no depende de las cosas que pasan a nuestro
alrededor, ni de los triunfos obtenidos. Ella proviene de fuentes
internas de la vida de la persona. Es una actitud de vida basada
en una experiencia muy fuerte a nivel espiritual.
El
apóstol Pablo estaba encarcelado en Roma, estaba como un águila
enjaulada. Habían logrado detenerlo en su misión de llevar las
buenas noticias de que en Jesús hay vida eterna, sus enemigos
estaban contentos. Pero Pablo, aunque encadenado, había aprendido
que la felicidad no depende de las circunstancias que le tocaban
vivir, sino de su alma. En esas condiciones le escribió una carta
a una Iglesia en la ciudad de Filipos, que puede ser leída en
menos de 10 minutos, dieciséis veces les habla sobre la
importancia de alegrarse y ser feliz.
¿Cómo un
hombre que está en la cárcel, encadenado, puede hablar de
felicidad? ¿No sería lógico que su carta estuviera saturada de
quejas, protestas, reclamos, pedido de ayuda? ¿Qué pasó en la vida
de Pablo que lo hacían un hombre diferente? Un hombre que a pesar
de las dificultades seguía siendo feliz. El secreto es que Pablo
le había pedido a Dios que se involucre en su historia; había
abierto su corazón sinceramente a Dios y lo buscó y lo encontró y
Dios le cambió la vida. Dios es la fuente de la verdadera
felicidad. Hay un solo camino para llegar a Él. Ese camino es
Jesús. Si no eres feliz, te animo a que ores con fe y le pidas a
Jesús que perdone todos tus pecados, que intervenga en tu vida,
que la cambie al punto de hacer todo nuevo. Y la paz y felicidad
indestructible fluirá de tu interior.
¡Dios les
bendiga!
Amén