"..invócame
en el día de la angustia; te libraré y tu me honrarás"
Salmo
50:15
Hace poco
venía caminando por una laguna que se encuentra cerca de mi casa.
Venía de visitar a una amiga, en eso veo que un niño se encuentra
jugando en la orilla de la laguna, y presentí que el niño podía
caerse desafortunadamente caí en lo cierto vi la terrible escena
de como el niño se iba resbalando poco a poco y a su vez tratando
de agarrarse por si solo sin poder sostenerse de algo, le era
imposible porque todo estaba húmedo. Vi como se iba hundiendo y
cuando le llegó el agua hasta el cuello fue cuando el comenzó a
pedir ayuda, gracias a Dios que yo estaba a escasos 10 metros de
él y le pude extender mi mano.
Este caso
se me hace familiar cuando nosotros los cristianos tenemos
problemas, queremos darnos tiempo para solucionarlos. Y aun cuando
no podemos solucionarnos nos seguimos aferrando a que nosotros
podemos hacerlo y no pedimos ayuda, es más a veces hasta ni a
Dios le queremos pedir ayuda. Y cuando sentimos el agua
hasta el cuello lo hacemos. Pero lo hacemos a veces mal, por
ejemplo: Bueno, Dios tengo un problema, no pienso pedir ayuda a
ninguno de mis hermanos porque sé que tú me ayudarás... eso es
ilógico.
Dios te
ha provisto de una familia de hermanos en Cristo y definitivamente
hay quien te puede ayudar, desde el pastor hasta cualquier hermano
que menos te lo imagines, desafortunadamente nuestro orgullo a
veces nos gobierna y pues es entonces cuando nos llega el agua
hasta el cuello.
Dios
siempre te va ayudar pero tu tienes que poner de tu parte en los
problemas que a veces como cristianos padecemos, tal vez a veces
pienses que Dios permanece callado pero no es así, Dios también
quiere que crezcas espiritualmente ¿ahora imagínate si Dios te
hace todo tu trabajo? Y algo importante no te olvides que todo
obra para bien y que "Dios es nuestro amparo y fortaleza,
nuestro pronto auxilio en las tribulaciones" (Salmo 46:1).
No le
dejes los problemas al tiempo...
Déjalos en las manos de Dios.
¡Dios te bendiga!
Amén