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¿Eres zanahoria, huevo o cafe?

 

"Mas él conoce mi camino; me probará, y saldré como oro." Job 23:10

 

Una hija se quejaba con su padre acerca de su vida y cómo las cosas le resultaban tan difíciles. No sabía cómo hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencida. Estaba cansada de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro.

 

Su padre, un chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo. Allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre fuego fuerte. Pronto el agua de las tres ollas estaba hirviendo. En una colocó huevos en la otra zanahorias y en la última colocó café. Las dejó hervir sin decir palabra. La hija esperó impaciente, preguntándose qué estaría haciendo su padre. A los veinte minutos el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un tazón. Sacó los huevos y los colocó en otro plato. Finalmente colocó el café y lo puso en un tercer recipiente y mirando a su hija le dijo: "Querida, ¿qué ves? -zanahorias, huevos y café. La hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias.

 

Ella lo hizo y notó que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Luego de sacarle la cáscara, observó el huevo duro. Seguidamente le pidió que probara el café. Ella sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma. Humildemente la hija preguntó: ¿Qué significa esto, padre? El le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: agua hirviendo, pero habían reaccionado en forma diferente. La zanahoria llegó al agua fuerte, dura, pero después de pasar por el agua hirviendo se había vuelto débil, fácil de deshacer. El huevo había llegado al agua hirviendo frágil, su cáscara fina protegía su interior líquido; pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido. Los granos de café sin embargo eran únicos; después de estar en agua hirviendo, habían cambiado el agua.

 

¿Cuál eres tú?, le preguntó a su hija. Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿cómo respondes? Eres una zanahoria que parece fuerte pero cuando la adversidad y el calor te tocan, te vuelves débil, presa fácil para Satanás, pues pierdes tu fortaleza.

 

¿Eres un huevo, que comienza con un corazón blando, poseyendo un espíritu fluido, pero después de una prueba la pérdida de un trabajo o de un ser querido, te vuelves duro y rígido y comienzas a cuestionar a Dios? Por fuera te ves igual, pero, eres amargado y áspero, con un espíritu y un corazón endurecido.

 

¿O eres un grano de café? El café cambia el agua hirviente, el elemento que le causa dolor. Cuando el agua llega al punto de ebullición el café alcanza su mejor sabor. Si eres como el grano de café cuando las circunstancias son adversas, vas a cambiar las circunstancias como el grano de café cambia el agua, recuerda, las circunstancias no deben regir tu vida, pues Dios está por encima de cualquier circunstancia y para Él no hay nada imposible.

 

¡Dios les bendiga!

Amén


 

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Publicada el Domingo 9 de diciembre del 2001  //  ¡A Dios Sea Toda La Gloria!