Evita
competir con tu cónyuge, sé su amigo.
Deséale
siempre lo mejor y muestra entusiasmo por sus logros alcanzados. ¡Mantente
orgulloso(a) de ella/el!
Oren
juntos a menudo. Es solamente cuando esposo y esposa oran juntos ante
Dios que encontrarán el secreto de la verdadera armonía, y donde
las diferencias en gusto enriquecerán
el hogar
en vez de ponerlo en peligro.
No es
tarea tuya "reformar" a tu esposa. Anímala,
alábala, decide nunca menospreciarla, y deja
la tarea de la transformación en manos del Espíritu Santo.
Recuerda:
no hay tal cosa como una esposa perfecta,
un
esposo perfecto o un matrimonio perfecto.
El
silencio no es siempre la mejor alternativa,
especialmente entre cónyuges.
Pregúntale cuando le gustaría separar un tiempo solo para dialogar.
Estar en
desacuerdo con tu esposa es una cosa, portarte
mal con ella es otra. Hazle
saber que la amas aunque a veces no piensen igual.
Pregúntale a tu pareja cuáles son las tres palabras
que
quisiera que eliminaras de tu vocabulario. ¡Luego Hazlo!
Las
flores nunca deben sustituir las palabras
"Te amo,
y deseo escuchar lo que tengas que decir."
¡Obsequia ambas!
Debes
ser consciente que a veces tu amor por tu esposa
será una
decisión en vez de un sentimiento profundo.
Ese amor
es maduro y perdura. Ese amor es amor ágape.
¡Dios
les bendiga!
Amén