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"Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a los que así se
conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros."
Filipenses 3:17
Le
llamaremos Juan. Está despeinado, descalzo, su camisa
agujereada; su pantalón anda por las mismas. Así vistió
durante sus cuatro años de estudios universitarios. Es
brillante... mas, un tanto callado. Se convirtió a Cristo
mientras estudiaba. Frente a la universidad había una
iglesia: conservadora, de gente refinada. Tienen deseos de
poder ministrar a los jóvenes estudiantes, mas, no saben
cómo hacerlo.
Un
buen día, Juan decide visitar dicha iglesia. Entró:
descalzo, con su vieja y rota ropa, su cabello despeinado.
El culto ha comenzado; camina por el pasillo en busca de
un lugar para sentarse. Como está llena la iglesia, no
halla lugar. La gente se ve algo incómoda, mas, nadie se
atreve hablar. Juan se acerca al púlpito, mas, no hallando
lugar, se sienta en el piso alfombrado (conducta aceptada
en la universidad, pero que jamás había ocurrido así en
esta iglesia).
¡Hay
tensión en el medio ambiente... la gente está incómoda!
Ahora el ministro observa cómo un bien vestido, anciano y
canoso diácono se encamina lentamente hacia Juan. Es un
hombre piadoso, culto y refinado. Mientras caminaba hacia
Juan, la gente piensa dentro de sí: "No podemos culparle
por lo que va hacer. Después de todo, no es de esperar que
un anciano comprenda a un joven sentado, así, en el piso".
Tarda
en llegar hasta el frente... su bastón va sonando según
camina. El silencio es absoluto. Ni siquiera se oye el
respirar de los presentes. Tampoco puede predicar el
ministro ante su expectativa de lo que habrá de hacer el
anciano diácono. De momento, observan cómo éste suelta su
bastón sobre el piso y con gran dificultad se sienta en el
piso junto a Juan con el fin de, junto a éste, adorar a
Dios. La emoción no tarda en embargar a todos los
presentes. Luego de que el ministro logra calmar sus
propias emociones, le dijo a los presentes: "Lo que yo voy
a predicar, ustedes nunca lo recordarán. Mas, lo que
acaban de ver, jamás lo olvidarán. Tengan sumo cuidado de
la manera en que viven. Podría ser que ustedes sean la
única "Biblia" que algunas personas alcancen leer."
¡Dios
les bendiga!
Amén
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