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"Bendice, alma mía, a Jehová, y bendiga
todo mi ser su santo nombre. Bendice, alma mía, a Jehová, y
no olvides ninguno de sus beneficios. El es quien perdona
todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias; el
que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de favores y
misericordias; el que sacia de bien tu boca de modo que te
rejuvenezcas como el águila." Salmos 103:1-5
El águila es el ave con mayor longevidad
de esas especies. Llega a vivir 70 años, pero para llegar a
esa edad, a los 40, debe tomar una seria y difícil decisión.
A los 40 años, sus uñas están apretadas y flexibles y no
consigue tomar a sus presas de las cuales se alimenta. Su
pico largo y puntiagudo, se curva, apuntando contra el
pecho. Sus alas están envejecidas y pesadas y sus plumas
gruesas. ¡Volar se hace ya tan difícil! Entonces, el águila
tiene solamente dos alternativas: morir o enfrentar un
dolorido proceso de renovación que durará 150 días. Ese
proceso consiste en volar hacia lo alto de una montaña y
quedarse ahí, en un nido cercano a un paredón, en donde no
tenga la necesidad de volar. Después de encontrar ese lugar,
el águila comienza a golpear su pico en la pared hasta
conseguir arrancarlo. Luego debe esperar el crecimiento de
uno nuevo con el que desprenderá una a una sus uñas. Cuando
las nuevas uñas comienzan a nacer, comenzará a desplumar sus
plumas viejas. Después de cinco meses, sale para su vuelo de
renovación y a vivir 30 años más. En nuestras vidas, muchas
veces tenemos que resguardarnos por algún tiempo y comenzar
un proceso de renovación para continuar un vuelo de
victoria, debemos desprendernos de costumbres, tradiciones y
recuerdos que nos causaron dolor. Solamente libres del peso
del pasado podremos aprovechar el resultado valioso que una
renovación siempre trae.
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¡Dios
les bendiga!
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Amén
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