"Yo pues,
preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la
vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y
mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos con los otros
en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el
vínculo de la paz; un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis
también llamados en una misma esperanza de vuestra
vocación;..." Efesios 4:1-4
No hace
mucho tiempo, dos hermanos que vivían en granjas adyacentes
cayeron en un conflicto. Este fue el primer conflicto serio
que tenían en 40 años de cultivar juntos hombro a hombro,
compartiendo maquinaria e intercambiando cosechas y bienes
en forma continúa. Esta larga y beneficiosa colaboración
terminó repentinamente. Comenzó con un pequeño mal entendido
y fue creciendo hasta llegar a ser una diferencia mayor
entre ellos, hasta que explotó en un intercambio de palabras
amargas seguido de semanas de silencio. Una mañana alguien
llamó a la puerta del hermano mayor, al abrir la puerta,
encontró a un hombre con herramientas de carpintero. "Estoy
buscando trabajo por unos días", dijo el extraño, "quizás
usted requiera algunas pequeñas reparaciones aquí en su
granja y yo pueda ser de ayuda en eso". "Si", dijo el mayor
de los hermanos, "tengo un trabajo para usted". "Mire al
otro lado del arroyo, aquella granja, ahí vive mi vecino,
bueno, de hecho es mi hermano menor. La semana pasada había
una hermosa pradera entre nosotros y él tomó su buldózer y
desvió el cauce del arroyo para que quedara entre nosotros.
Bueno, el pudo haber hecho esto para enfurecerme, pero le
voy a hacer una mejor. ¿Ve usted aquella pila de desechos de
madera junto al granero? Quiero que construya una cerca, una
cerca de dos metros de alto, no quiero verlo nunca mas." El
carpintero le dijo: "Creo que comprendo la situación.
Muéstreme donde están los clavos y la pala para hacer los
hoyos de los postes y le entregaré un trabajo que lo dejará
satisfecho." El hermano mayor le ayudo al carpintero a
reunir todos los materiales y dejó la granja por el resto
del día para ir por provisiones al pueblo. El carpintero
trabajo duro todo el día midiendo, cortando, clavando. Cerca
del ocaso, cuando el granjero regresó, el carpintero justo
había terminado su trabajo. El granjero quedó con los ojos
completamente abiertos, su quijada cayó. No había ninguna
cerca de dos metros. En su lugar había un puente, un puente
que unía las dos granjas a través del arroyo. Era una fina
pieza de arte, con todo y pasamanos. En ese momento, su
vecino, su hermano menor, vino desde su granja y abrazando a
su hermano le dijo: "Eres un gran tipo, mira que construir
este hermoso puente después de lo que he hecho y dicho".
Estaban en su reconciliación los dos hermanos, cuando vieron
que el carpintero tomaba sus herramientas. "¡No, espera!",
le dijo el hermano mayor, "quédate unos cuantos días. Tengo
muchos proyectos para ti" "Me gustaría quedarme", dijo el
carpintero, "pero tengo muchos puentes por construir".
¡Dios les bendiga!
Amén