Una maestra les preguntó en una prueba a los
niños cuáles eran las siete maravillas del mundo.
La mayoría de los chicos entregaron enseguida
la hoja con sus respuestas, pero una niña estuvo mucho tiempo
pensando, con el papel en blanco.
La maestra se preguntaba por qué le tomaría
tanto tiempo recordar la simple lista, y entendió la demora cuando
la niña le entregó el papel. Había escrito:
Ver
Oír
Degustar
Tocar
Reír
Correr
Amar
La gran mayoría de las grandes lecciones
provienen de la inocencia de los niños.
Aprendamos de la sabiduría de las palabras de esta niña que
no repitió las conocidas maravillas del mundo.
Ella se sentó a pensar en su vida, y encontró
el placer de esas pequeñas cosas que en la velocidad de todos los
días los adultos no alcanzamos a ver.
¡Dios les bendiga!
Amén