“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las
cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su
propósito son llamados.” Romanos 8:28
Era una vez, en la cumbre de una montaña, tres
pequeños árboles juntos que pensaban sobre lo que querían llegar a
ser cuando fueran grandes.
El primer arbolito miró hacia las estrellas y
dijo, "Yo quiero guardar tesoros. Quiero estar repleto de oro y
ser lleno de piedras preciosas. ¡Yo seré el baúl de tesoros más
hermoso del mundo!".
El segundo arbolito miró un pequeño arroyo
realizando su camino al océano y dijo, "Yo quiero viajar a través
de aguas temibles y llevar reyes poderosos sobre mí. ¡Yo seré el
barco más imponente del mundo!".
El tercer arbolito miró hacia el valle que
estaba abajo de la montaña y vio hombres y mujeres trabajando en
un pueblo, "Yo no quiero irme de la cima de la montaña nunca. Yo
quiero crecer tan alto que cuando la gente del pueblo se pare a
mirarme, levanten su mirada al cielo y piensen en Dios. ¡Yo seré
el árbol más alto del mundo!".
Los años pasaron. Llovió, brilló el sol, y los
pequeños árboles crecieron alto.
Un día, tres leñadores subieron a la cumbre de la montaña. El
primer leñador miró al primer árbol y dijo, "¡Qué árbol tan
hermoso es éste!", y con la arremetida de su hacha brillante el
primer árbol cayó, "Ahora me deberán convertir en un baúl hermoso,
deberé contener tesoros maravillosos!", dijo el primer árbol. El
segundo leñador miró al segundo árbol y dijo, "Este árbol es muy
fuerte, es perfecto para mí". Y con la arremetida de su hacha
brillante, el segundo árbol cayó. "¡Ahora deberé navegar aguas
temibles!", pensó el segundo árbol, "Deberé ser un barco imponente
para reyes temidos y poderosos".
El tercer árbol sintió su corazón sufrir cuando
el último leñador lo miró. El árbol se paró derecho y alto y
apuntando ferozmente al cielo. Pero el leñador ni siquiera miró
hacia arriba y dijo, "Cualquier árbol es bueno para mi". Y con la
arremetida de su hacha brillante, el tercer árbol cayó.
El primer árbol se emocionó cuando el leñador
lo llevó a una carpintería. Pero el carpintero lo convirtió en una
caja de alimento para animales de granja. Aquel árbol hermoso no
fue cubierto con oro, ni lleno de tesoros, sino que fue cubierto
con polvo de cortadora y lleno con alimento para animales de
granja hambrientos.
El segundo árbol sonrió cuando el leñador lo
llevó cerca de un embarcadero, pero ningún barco imponente fue
construido ese día. En lugar de eso aquel árbol fuerte fue cortado
y convertido a un simple bote de pesca, era demasiado chico y
débil para navegar en el océano, ni siquiera en un río, y fue
llevado a un pequeño lago.
El tercer árbol estaba confundido cuando el
leñador lo cortó para hacer tablas fuertes y lo abandonó en un
almacén de madera. "¿Qué estará pasando?", fue lo que se preguntó
el árbol, "Yo todo lo que quería era quedarme en la cumbre de la
montaña y apuntar a Dios..."
Muchísimos días y noches pasaron. A los tres
árboles ya casi se les habían olvidado sus sueños.
Pero una noche, una luz de estrella dorada
alumbró al primer árbol cuando una joven mujer puso a su hijo
recién nacido en la caja de alimento. "Yo quisiera haberle podido
hacer una cuna al bebé", le dijo su esposo a la mujer, la madre le
apretó la mano a su esposo y sonrió mientras la luz de la estrella
alumbraba a la madera suave y fuerte de la cuna. Y la mujer dijo,
"Este pesebre es hermoso". Y de repente, el primer árbol supo que
contenía el Tesoro más grande del mundo.
Una tarde, un viajero cansado y sus amigos se
subieron al viejo bote de pesca. El viajero se quedó dormido
mientras el segundo árbol navegaba tranquilamente hacia adentro
del lago.
De repente, una impresionante y aterradora
tormenta llegó al lago, el pequeño árbol se llenó de temor, él
sabía que no tenía la fuerza para llevar a todos esos pasajeros a
la orilla a salvo con ese viento y lluvia. El hombre cansado se
levantó, y alzando su mano dijo "calma".
La tormenta se detuvo tan rápido como comenzó.
Y de repente el segundo árbol supo que él llevaba navegando al Rey
del cielo y de la tierra.
Un día en la mañana el tercer árbol se extrañó
cuando sus tablas fueron tomadas de aquel almacén de madera
olvidado. Se asustó al ser llevado a través de una impresionante
multitud de personas enojadas. Se llenó de temor cuando unos
soldados clavaron las manos de un hombre en su madera. Se sintió
feo, áspero y cruel.
Pero un domingo por la mañana, cuando el sol
brilló y la tierra tembló con júbilo debajo de su madera, el
tercer árbol supo que el Amor de Dios había cambiado todo. Esto
hizo que se sintiera fuerte, y cada vez que la gente pensara en el
tercer árbol, pensarían en Dios. Eso era mucho mejor que ser el
árbol más alto del mundo.
La próxima vez que te sientas deprimido porque no conseguiste lo
que tu querías, sólo siéntate firme, y sé feliz porque Dios está
pensando en algo mejor para darte.
¡Dios les bendiga!
Amén